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Una nueva oportunidad para los discapacitados afganos

En uno de los países del mundo más contaminados por las minas, el CICR emprendió un programa de microcréditos para ayudar a las personas discapacitadas a volver a trabajar y recuperar su autosuficiencia.

Ainullah dirige una sastrería en un pueblo situado en las inmediaciones de Kabul. En 1982, cuando tenía 10 años, los hombres de su familia se incorporaron a los muyahidines para luchar contra el ejército soviético. Para escapar al acoso policial, el resto de la familia buscó refugio en Pakistán. «Allí, tuve que trabajar de inmediato para sustentar a mi familia», recuerda Ainullah.

Diez años más tarde, después de la toma de Kabul por los muyahidines, Ainullah y su familia regresaron a la ciudad, donde hallaron su casa destruida. Poco después de su regreso, mientras recogía leña en las colinas, Ainullah pisó una mina y le tuvieron que amputar una pierna. «Mientras me encontraba en el hospital, recrudeció la guerra en Kabul y tuvimos que abandonar nuevamente la ciudad con mi familia», relata, esta vez con destino a Jalalabad en el este del país. Allí, en el centro de rehabilitación física del CICR, a Ainullah le colocaron un miembro artificial y aprendió a caminar de nuevo.

Revivir gracias al programa
de microcréditos

Con el a poyo de l a Media Luna Roja Afgana, Ainullah recibió una formación de sastre mientras vivía en un campamento para desplazados. Desde el comienzo, le gustó mucho ese oficio y prosiguió su formación durante cuatro años antes de regresar a Kabul donde pudo abrir una pequeña tienda, gracias a la máquina de coser y otro material donado por la Sociedad Nacional afgana al término de su formación.

El CICR, como parte de su programa de microcréditos, otorgó posteriormente a Ainullah un préstamo para comprar una segunda máquina de coser y otros enseres. Fue entonces cuando se propuso formar a otros jóvenes impedidos seleccionados por el centro de rehabilitación física de Kabul. «Tuve la suerte de aprender este oficio con la ayuda de la Media Luna Roja y recibir luego el préstamo del CICR», relata «ahora me toca a mí ofrecer a otros la misma oportunidad.»

Ainullah es una de las 4.640 personas que se han beneficiado hasta ahora del programa de créditos emprendido por el CICR en 1997 en sus seis centros de rehabilitación en Kabul, Jalalabad, Mazar-i-Sharif,

Hoy el programa de rehabilitación física es una de las principales actividades del CICR en Afganistán. Hay más de 500 afganos empleados por los centros, donde son supervisados y formados por seis especialistas expatriados. Este apoyo es fundamental, ya que como mínimo dos personas por día son víctimas de las innumerables minas que siguen desparramadas en todo el país. Además, el tambaleante sistema de salud afgano es incapaz aún de hacer frente con eficacia a una serie de enfermedades entre las que figuran la poliomielitis y la parálisis cerebral, principales causas de discapacidad en el país.

El suministro de miembros artificiales y la fisioterapia no bastan para devolver la plena autonomía a los discapacitados. Es necesario vencer también los arraigados prejuicios de la sociedad afgana que no los considera aptos para el trabajo.

 

 

 

 

 

 

 


Abdul Samad en su verdulería en Herat.
©Olivier Moeckli / CICR

Abdul Samad durante mucho tiempo ha sido víctima de esas falsas ideas. Un tanque le aplastó las piernas durante los combates en 1992, cuando era soldado del ejército afgano. Después de seis meses en un hospital militar de Kabul, volvió a su casa en Herat en el noroeste de Afganistán. «Quería abrir una tienda de comestibles, busqué a alguien que me prestara dinero para instalar el negocio y comprar l os productos», cuenta. «Pero como no encontré a nadie, me puse a fabricar ladrillos con mis hijos. Con ambas piernas paralizadas, el trabajo era muy duro.» Sin embargo, tuvo que sacar fuerzas de flaqueza para seguir adelante durante 13 años hasta que escuchó hablar de las actividades del centro de rehabilitación del CICR en una radio local en 2005. Así descubrió el programa de microcréditos. «Al día siguiente, fui a pedir un préstamo», prosigue, «durante 13 años nadie creyó en mí. En el CICR, obtuve el crédito en un par de días y logré realizar mi sueño.»

Ayuda a los discapacitados de guerra

Desde 1988, el CICR ha venido prestando apoyo de rehabilitación física a más de 70.000 personas discapacitadas en Afganistán. En sus talleres se han producido más de 56.000 prótesis, 61.000 ortosis, 105.000 pares de muletas y 10.000 sillas de ruedas. Además, los centros han realizado más de 760.000 sesiones de fisioterapia.

Apoyar proyectos viables

En el caso de Abdul Samad, el préstamo se aprobó muy rápidamente; sin embargo, cada proyecto e s estudiado detenidamente antes de ser aceptado. Después de que Abdul Samad presentara su propuesta al centro de rehabilitación física de Herat, el equipo encargado del programa de microcréditos lo visitó para verificar si sus planes eran viables y cerciorarse de que sus motivaciones eran reales; es lo que suele hacerse para todas las solicitudes. Una vez e l proyecto aceptado, el CICR no entrega el dinero al beneficiario sino que se encarga directamente de hacer las compras de acuerdo con el presupuesto. El beneficiario dispone de seis meses a dos años, según el proyecto, para rembolsar el préstamo, por el que no se cobran intereses.

Aun cuando no todos los proyectos resultan un éxito, el programa es la manera más eficaz de ayudar a las personas discapacitadas a volver a trabajar y a reintegrarse completamente en la sociedad afgana tras su rehabilitación física. Los microcréditos les ayudan a independizarse de la ayuda externa, sea de su familia o de instituciones, y son, por ello, la mejor manera de restablecer la confianza de los discapacitados y de permitirles disfrutar nuevamente de una vida plena.

Cuando Rashid Ahmad, de 16 años, perdió sus piernas en la explosión de una máquina, pensó, como muchos en su caso, que su vida se había terminado allí. «Pero un sobrino, también amputado, me vino a ver. Era empleado en el centro de rehabilitación del CICR y me devolvió las esperanzas.»

Después de trabajar algunos años y ahorrar un poco de dinero, Rashid Ahmad instaló una fundición. «Pero a raíz de los muchos cortes de luz en Kabul, no pude trabajar durante mucho tiempo.» Se enteró entonces del programa de microcréditos y pidió un préstamo para comprar un generador. «Desde que tengo el generador, no me ha faltado el trabajo. Mis hermanos comenzaron a ayudarme. Cuando dominen mejor el oficio podremos ampliar el negocio.»

Todas las personas que han recibido un préstamo han vivido experiencias similares. Después de años de miseria y frustración, han logrado rehacer sus vidas, casarse y tener hijos. Gracias a sus esfuerzos, pueden hacer planes para el futuro, un futuro lleno de promesas inimaginables hasta entonces.


Tras una formación de sastre, Ainullah ofrece a otros discapacitados la oportunidad de aprender un oficio.
©Olivier Moeckli / CICR


Olivier Moeckli

Delegado de comunicación del CICR en Afganistán.

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