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La salud mental en las cárceles

Las personas que padecen enfermedades mentales son particularmente vulnerables en tiempo de guerra e inmediatamente después de un conflicto. Cruz Roja, Media Luna Roja aborda este tema poco conocido a través de la experiencia del Dr. Jean Rey-Bellet, que ha efectuado varias misiones para el CICR, sobre todo en Yemen y Bosnia.

En Yemen, en 1994, cuatro años después de la reunificación del norte monárquico y el sur socialista, estalló la guerra civil, provocando una respuesta en gran escala del CICR. El Dr. Jean Rey-Bellet, ex director del hospital psiquiátrico de Monthey (Suiza), entonces retirado, fue enviado por el C ICR a Yemen p ara evaluar las necesidades en materia de psiquiatría en las prisiones. Dos años antes, en el transcurso de una misión a Tuzla, ciudad bosnia afectada por la guerra, se había visto enfrentado a una situación similar. Los enfermos mentales de un hospital situado en zona serbia fueron desalojados y abandonados a su suerte. Hubo que hallar soluciones urgentes para asistir a un grupo de personas particularmente vulnerables en tiempo de guerra.

«En Yemen, desde hacía 25 años se dirigían a l CICR informes periódicos sobre la situación de los enfermos mentales en las cárceles del país, a los que no se prestaba ningún tratamiento especial», recuerda el D r. Rey-Bellet. «Durante mucho tiempo no se tomó ninguna medida al respecto y se decidió actuar tras desatarse la guerra civil en 1994.» El Dr. Rey-Bellet viajó, pues, a Yemen donde visitó las principales cárceles y todas las instituciones psiquiátricas. En la cárcel de Sana’a, donde las condiciones eran espantosas, un médico yemenita efectuaba una visita una vez al mes. La situación era aún más terrible en la cárcel de Hodeida, donde los enfermos estaban hacinados. Unos bloques de concreto servían de camas. En algunos casos, los reclusos estaban encadenados. «De manera general, las condiciones sanitarias eran realmente deplorables», se recuerda. En Aden, ciudad situada en lo que había sido Yemen del Sur, bajo influencia soviética por años, la situación era mejor. «Los enfermos mentales eran reconocidos y se les aplicaba la ergoterapia (terapia ocupacional), que en Occidente era un aspecto importante del tratamiento hace 30 años.»

El D r. Rey-Bellet sometió un plan de acción al CICR en Ginebra, que fue aceptado con algunos reparos. Así pues, viajó nuevamente a Yemen para ponerlo en marcha. Primero en Sana’a, a partir de 1995, y luego gradualmente en otras dos cárceles: Taiz en 1996 e Ibb en 1997. «Era imposible, y absurdo, instalar una unidad psiquiátrica en cada prisión. Desde el comienzo, la idea era agrupar a todos los reclusos enfermos mentales del país en estos tres penitenciarios.» «En la capital, el CICR contrató a un psiquiatra y un enfermero para seguir cada caso con regularidad y suministrarles los medicamentos necesarios, que eran muy costosos. Su primera tarea fue esclarecer la situación de los detenidos: ¿quiénes eran reclusos y quiénes simples enfermos mentales recogidos en la calle? Luego hubo que establecer la identidad de cada paciente a fin de constituir un expediente médico personal.»

El CICR ya había realizado importantes obras de renovación en la cárcel de Sana’a (electricidad, saneamiento, agua corriente, alcantarillado). Para concluir estas obras, se refaccionó el pabellón destinado a los enfermos mentales. Tras un período de capacitación, voluntarios de la Media Luna Roja de Yemen trabajaron como personal de enfermería. «Al principio, en la cárcel de Sana’a había 102 enfermos mentales, de los cuales 14 no eran exactamente detenidos, en el sentido de que no habían sido llevados ante los tribunales. A medida que el programa se iba realizando, el número de los ‘no detenidos’ fue aumentando porque las familias presionaban a los guardias para que los dejaran entrar y pudieran así recibir atención gratuita.»

Hoy, el proyecto lo financia completamente la Cruz Roja Neerlandesa. En 2000, el Dr. Rey-Bellet pasó el relevo a su hijo, médico del hospital psiquiátrico de Ginebra, asegurando así la continuidad de un programa que había alcanzado un ritmo sostenido. Retrospectivamente el Dr. Rey-Bellet se interroga sobre l a renuencia del CICR al comienzo del proyecto. «No encajaba con la misión de la institución, ya que se trataba de un asunto relacionado más bien con el desarrollo», analiza.

Como quiera que sea, la dinámica puesta en acción en Yemen ha logrado su objetivo principal. «En lugar de ser custodiados, los pacientes han podido ser atendidos, aun cuando el tratamiento es a veces bastante básico. Al mismo tiempo, los diferentes actores en el sector de la salud en Yemen se han organizado para actuar de manera concertada», asegura el Dr. Rey-Bellet.

 

 

 

 

 

 


Pabellón psiquiátrico de la cárcel central de Taïz.
©Till Mayer / CICR

 

 

 

 

 

 

 


Pabellón psiquiátrico de la cárcel central de Sana’a. El CICR, en colaboración con la Media Luna Roja de Yemen, ha prestado asistencia, desde 1995, a los enfermos mentales reclusos a través de diversos programas.
©Till Mayer / CICR


Samuel Gardaz
Periodista independiente radicado en Ginebra.

 

 

De la teoría a la práctica

El Dr. Jonathan Beynon, jefe de la salud en las cárceles en el CICR en Ginebra, explica la línea que prevalece hoy en el campo de la asistencia psiquiátrica en las cárceles, así como las principales dificultades.

¿Tiene el CICR una doctrina específica en el ámbito de la psiquiatría?
Jonathan Beynon: No exactamente. Pero, la psiquiatría como tal es tan sólo un aspecto, por cierto importante, de la salud mental, que debe considerarse en su conjunto. La preocupación del CICR es promover la salud mental de todos en el entorno carcelario, no sólo de los reclusos, sino también de los guardias y del personal administrativo. Luego, el objetivo es proporcionar una respuesta focalizada en los problemas mentales que afectan a los detenidos encontrando alternativas al encarcelamiento: tratamiento fuera del sistema penitenciario, coordinación entre el sistema penitenciario y el servicio de salud pública, etc. A tales efectos, en 2004-2005 formulamos un método más formal en un documento producido conjuntamente con la Organización Mundial de la Salud, en el cual se aborda el tema desde un punto de vista teórico y práctico. Si fuéramos a tener una doctrina oficial, este documento sería el núcleo.

¿En qué consiste?
En primer lugar se hace un esbozo de la situación actual: la tasa de enfermos mentales en las cárceles es proporcionalmente más elevada que en el resto de la sociedad. En muchos países, la detención tiene efectos muy dañinos para la salud mental; en algunos casos, los pacientes con enfermedades mentales son mantenidos encarcelados porque no hay otras soluciones médicas adecuadas. En el plano práctico, el documento recomienda que, como regla básica, las personas que padecen de enfermedad mental sean dirigidas primero a los servicios médicos especiales, incluso si deben ser encarceladas posteriormente, a condición de que en prisión reciban el tratamiento adecuado. Por ejemplo, un país de África tenía planeado construir una cárcel especialmente para los enfermos mentales y pidió consejos al CICR. Contestamos que no era la solución correcta. Esquemáticamente opinamos que es el sistema de salud pública el que debe ir hacia la cárcel y no a la inversa.

Hoy en día ¿cuál es el principal obstáculo?
La aplicación de la teoría más que la propia teoría, por la sencilla razón de que en todos los países del mundo, incluso en Occidente, las cárceles son los servicios que menos recursos tienen. Nuestra principal dificultad es, pues, hacer que los gobernantes cambien su actitud hacia ese sector.

¿Se utiliza a veces la psiquiatría en las cárceles con fines que no sean médicos?
Sí claro, el procedimiento que se practicaba durante la era soviética se sigue utilizando en algunos países para neutralizar a los disidentes, disfrazando el método de diagnóstico médico. En otros casos se ha utilizado a psiquiatras o psicólogos en los interrogatorios de los detenidos para detectar sus debilidades mentales con el objetivo de extraer información. Muchas personas han protestado contra estos métodos aduciendo que son totalmente contrarios a la ética médica.

Entrevista de Samuel Gardaz

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