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Sexo, drogas y VIH en Asia central

Kazajstán y Kirguistán tienen las tasas de propagación del VIH más altas de Asia central, debido al intercambio de agujas entre los toxicómanos y el tráfico de drogas entre Afganistán y Rusia. Desde 2004, las Sociedades de la Media Luna Roja han movilizado a miles de voluntarios para promover la prevención entre los drogadictos, las trabajadoras del sexo y las comunidades más expuestas.

Llevando una bolsa con preservativos y jeringas, Sasha se dirige a una parada de camiones frente a la entrada de la fábrica Mittal Steel, la principal fuente de empleos de la ciudad kazaja de Termirtau. Son las seis de la tarde, hora en que los obreros terminan el trabajo. Dos mujeres se acercan nerviosas a Sasha, que les entrega la bolsa.

En los últimos cinco años, Lena, de 29 años, y Urla de 30, han vendido su cuerpo a los obreros de la fábrica de acero por seis dólares estadounidenses. Aseguran que tienen poca elección pues son heroinómanas y están obligadas a mantener el hábito que les cuesta unos 20 dólares el gramo.

“La prostitución”, suspira Urla, “es como sumergirse en el barro. Se te pega a la piel y no sale nunca más aunque te laves”.

Urla es seropositiva. Es una de las 20 mujeres con que conversará Sasha en las próximas horas acerca de la práctica del sexo seguro, el uso de jeringas limpias y la detección de enfermedades de transmisión sexual.

Sasha, de 27 años, ex drogadicto y seropositivo, es hoy en día formador en VIH para la Sociedad de la Media Luna Roja de Kazajstán. Su experiencia personal y su determinación de luchar contra la enfermedad han hecho de él un acérrimo activista en los esfuerzos de prevención de la Sociedad Nacional en Termirtau, donde se registran los niveles más altos de infección por VIH de Kazajstán.

La ruta de la heroína

Razones geográficas e históricas han conspirado contra esta deprimida ciudad minera donde la mitad de sus habitantes están desempleados. Tras el desmoronamiento del comunismo a principios de los años noventa, muchos obreros del acero que emigraron a Rusia y Ucrania volvieron a Termirtau y numerosos son los que contrajeron el VIH durante su estadía.

Y mediante las nuevas rutas para el tráfico de drogas, que se han abierto desde Afganistán a través de Asia central a Rusia y Europa después de la caída del régimen de los talibanes, la propagación del VIH debido al intercambio de agujas ha agravado la situación en Termirtau. Hoy, 1.311 de los 180.000 residentes de la ciudad son seropositivos, la tasa de infección más alta del país.

Pero el problema no es particular de Termirtau. Kazajstán tiene el índice más elevado de infección de Asia central, y los casos se dan en todas sus principales ciudades. En el decenio pasado, el número de personas infectadas pasó de 548 a 6.616, aunque según datos oficiosos esta cifra podría ser tres veces superior. Las tres cuartas partes de las personas infectadas son consumidores de drogas inyectables que intercambian las agujas, y en un país donde hay unos 250.000 heroinómanos y 20.000 trabajadoras del sexo, muchas de ellas toxicómanas, la Sociedad de la Media Luna Roja de Kazajstán centra su prioridad en los programas de prevención del VIH.


Desde 2004, las Sociedades Nacionales de toda la región, en Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán, Turkmenistán y Kazajstán, han emprendido campañas de prevención, información y difusión del VIH. La educación entre pares ha resultado ser el modo más eficaz para transmitir el mensaje.

La credibilidad de la calle

Según Sasha, su experiencia le otorga credibilidad entre las personas a las que ayuda. “Fui imprudente”, explica, “compartí agujas y tuve relaciones sexuales sin protección y mira lo que me pasó. Contraje el VIH cuando tenía 19 años. Pero estoy decidido a evitar que los demás cometan el mismo error”.

Después de tres años como voluntario, Sasha es uno de los primeros ex drogadictos en convertirse en formador remunerado. Gana unos 75 dólares por mes, menos que el salario medio en Kazajstán, pero le alcanza para vivir.

Desde que la Media Luna Roja de Kazajstán comenzó la educación entre pares en 2005, 56 trabajadoras del sexo y dos ex toxicómanos se han convertido en voluntarios. No son remunerados pero reciben artículos de aseo, teléfonos móviles y tarjetas de Internet. Muchos provienen de las empobrecidas ciudades situadas a lo largo de la ruta de la heroína.

Kokshetau, inhóspita ciudad industrial en la frontera con Rusia, ha luchado también desde el colapso del comunismo. Sus habitantes viven en su mayoría en los bloques de apartamentos de la era soviética.

Dima, de 30 años, que ha pasado más de la mitad de su vida inyectándose heroína, ha logrado salir de su miserable dependencia y hoy habla con orgullo de su nueva condición como educador entre pares de la Media Luna Roja.

Sin embargo, en estas ciudades pequeñas, donde todos se conocen, las trabajadoras del sexo y los drogadictos prefieren mantener en secreto incluso su labor como voluntarios.

Irina, de 37 años, que ha trabajado durante mucho tiempo en las calles de Kokshetau, cuenta que se moriría de vergüenza si su hija de 15 años llegara a saber en lo que trabaja y por ningún motivo permitirá que siga el mismo camino que ella.

En un ambiente determinado por el estigma y la discriminación, es difícil incluso para los educadores entre pares convencer a los interesados de que se hagan el examen de detección o visiten los numerosos centros donde los consumidores de drogas pueden recibir agujas y jeringas limpias.

El año pasado, la Media Luna Roja de Kazajstán completó los esfuerzos del gobierno y ha instalado sus propios centros de intercambio de jeringas para reducir el daño que se pueden causar a sí mismos al compartir las agujas.

A comienzos de este año, la Media Luna Roja de Kirguistán estableció su primer centro de intercambio de agujas en el país. “Hemos registrado a 61 usuarios, aunque en promedio se produce una sobredosis por mes”, indica la Dra. Svetlana Magizova. “La mayoría prefiere que los visite a domicilio debido al estigma y al temor que tienen constantemente a que los arresten”

Un 70% de las jeringas distribuidas en los centros de intercambio de agujas son devueltas, señal del éxito de una política que no favorece el consumo de drogas sino que, por el contrario, reduce el daño que se están causando a sí mismos los drogadictos.

Doble epidemia

A fin de detener el aumento de los casos de infección por VIH, la Media Luna Roja de Kazajstán emprendió este año proyectos piloto para enfrentar el problema de la coinfección por tuberculosis y VIH. Según la Organización Mundial de la Salud, la tuberculosis mata a la mitad de las personas afectadas por el VIH en el mundo, porque su inmunidad ha decaído y, por lo tanto, son vulnerables a la infección. En Asia central, los enfermos de tuberculosis pueden contraer también más fácilmente el VIH pues muchos de ellos provienen de grupos de alto riesgo como son los prisioneros, los consumidores de drogas y los trabajadores del sexo. Si bien, el VIH aún no ha agravado la epidemia de tuberculosis como en la vecina Rusia, ni menoscabado los esfuerzos desplegados para luchar contra ésta, el nivel de ambas enfermedades en Kazajstán va en aumento.

La Sociedad Nacional kazaja está innovando en la lucha contra la coinfección, mediante la creación de equipos especiales de médicos, psicológos, abogados y trabajadores sociales en Termirtau y Karaganda, las ciudades más afectadas del país. La mayoría de los 70 enfermos de tuberculosis que viven con el VIH son ex presos, pues no hay que olvidar que esta región, otrora famosa por el archipiélago Gulag, sigue siendo conocida como el cinturón carcelario del país.

“En nuestras prisiones hay muchos tuberculosos”, asegura Zoya Ruzhnikova, psicóloga de la Sociedad Nacional kazaja. “Una vez que los prisioneros son liberados, muchos interrumpen el tratamiento contra la tuberculosis y pueden contaminar a la comunidad local”.

Según Zoya, uno de los aspectos más difíciles de la lucha contra la coinfección es anunciar al paciente tuberculoso que es seropositivo. La tuberculosis es una de las primeras enfermedades que se contrae a medida que el SIDA va ganando terreno y los pacientes normalmente mueren al cabo de unos meses si no reciben un tratamiento antituberculoso inmediato. En cambio, si son tratados, es posible prolongar su vida cinco años o más. Desde que la tuberculosis puede curarse con un tratamiento completo que cuesta unos 15 dólares por paciente, el tratamiento antituberculoso es una de las estrategias de supervivencia más adecuadas y más eficaces en función de los costos para los seropositivos que no tienen acceso a una medicación antirretrovírica.

Cambio de mentalidad

Trabajar con los drogadictos, los trabajadores del sexo y las personas afectadas por el VIH, grupos en su mayoría relegados por la sociedad, es una actividad reciente para la Media Luna Roja de Kazajstán, y algunos colaboradores, acostumbrados a ayudar a las personas vulnerables como los huérfanos, los enfermos y los ancianos, deben ir adaptándose a esta evolución.

En una reciente reunión regional, un miembro del personal exclamó que Henry Dunant no fundó el Movimiento para trabajar con los trabajadores del sexo, los seropositivos y los drogadictos.

Aunque este tipo de oposición manifiesta no es frecuente, Mariam Sianozova, trabajadora de salud de la Media Luna Roja, reconoce que para muchos es un cambio de mentalidad radical y que ha sido necesario emprender una serie de programas de capacitación para ayudar al personal a comprender mejor y satisfacer las necesidades de los grupos marginados.

Movilizar a los jóvenes

La Sociedad Nacional kazaja ofrece una tabla de salvación a los que están acostumbrados al rechazo y al abuso. Cuando Sasha dijo a su hermana que era seropositivo, ésta le contestó que la gente como él debería ir directo al cadalso, opinión que comparte su madre.

Luda, de 19 años, oriunda de la ciudad agrícola de Tardy Kolgan, en el sudeste de Kazajstán, tiene su propia historia de rechazo. Con profundas cicatrices en los brazos, autoinfligidas en un momento de depresión, trabajadora del sexo y drogadicta ocasionalmente, considera que el voluntariado en la Media Luna Roja es dar un paso pequeño por el camino hacia la respetabilidad.

Respaldada por su amigo Jameel, formador en VIH de la Media Luna Roja, se dedica ahora a distribuir preservativos a las otras chicas (algunas de las cuales tienen apenas 13 años) que trabajan en los alrededores de los saunas y baños de la ciudad.

Pero no sólo las trabajadoras del sexo son cada vez más jóvenes. Rafael, un consumidor de droga y voluntario, habla con rabia de los traficantes de drogas que se dirigen a los escolares haciéndoles picar el anzuelo con dosis de heroína gratuitas antes de cobrarles.

Mitos

Los jóvenes son los más expuestos a la infección por el VIH, sea mediante las relaciones sexuales no protegidas o el intercambio de agujas. Frente a una tasa de nuevas infecciones superior al 60% entre los jóvenes de 15 a 29 años, la Media Luna Roja centra principalmente su acción de educación entre pares en esta categoría de edad.

Más de 1.000 jóvenes en Kazajstán y Kirguistán participan en la divulgación del mensaje de prevención del VIH a otros jóvenes. En escuelas y universidades, en las calles y en las discotecas, los voluntarios reparten preservativos y dan información sobre las enfermedades de transmisión sexual a jóvenes a partir de los 14 años.

“Es importante que disipemos los mitos en torno al VIH y al SIDA”, explica Myrza Moldobenova, de 20 años, procedente de Bishkek, la capital kirguís. “Decimos a la gente que no se contrae el VIH por compartir un cigarrillo o un vaso de agua y siempre subrayamos la importancia de tener sexo sin riesgo”.

A pesar de que Kazajstán y Kirguistán son países culturalmente conservadores, especialmente en las zonas rurales, los jóvenes voluntarios de la Media Luna Roja dicen que el sexo ya no es un tema tabú. Centenares de soldados de 16 a 18 años han participado en los programas de educación entre pares.

Detener la propagación

Aunque el grupo que más riesgo corre de contraer el VIH es el de los consumidores de drogas intravenosas, el número de personas que se han contagiado a través del sexo ha ido creciendo en los últimos diez años.

Además, según informaciones, 61 niños han sido infectados a causa de sangre contaminada en un hospital de Kazajstán

El creciente riesgo de que los jóvenes contraigan el VIH en las relaciones sexuales o por el intercambio de agujas ha hecho que dentro de la Media Luna Roja aumente el temor de que se produzca un verdadero desastre a causa del VIH.

Sasha está determinado a librar su propia batalla contra el VIH no sólo para prolongar su vida, sino, “para asegurarme de que hago lo más que puedo para impedir que otras personas sucumban a esta enfermedad que ha arruinado la vida de tantas personas jóvenes”.

Claire Doole
Periodista independiente radicada en Ginebra.


Sasha y otro voluntario de la Media Luna Roja de Kazajstán conversan con dos trabajadoras del sexo en Termirtau sobre la manera de evitar la transmisión del VIH.
©CLAIRE DOOLE / FEDERACIÓN INTERNACIONAL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


La Dra. Svetlana Magizova entrega jeringas y agujas limpias a uno de los 60 consumidores de drogas en un centro de reducción del daño en Karabalta, Kirguistán.
©CLAIRE DOOLE / FEDERACIÓN INTERNACIONAL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Mittal Steel es la principal fuente de trabajo en la ciudad kazaja, Termirtau.
©CLAIRE DOOLE / FEDERACIÓN INTERNACIONAL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


En Kazajstán, Dima y Volodya (derecha), ex drogadictos y educadores voluntarios entre pares de la filial de Kokshetau de la Media Luna Roja, conversan con trabajadoras del sexo sobre la prevención del VIH.
©CLAIRE DOOLE / FEDERACIÓN INTERNACIONAL


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