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Venciendo obstáculos en Asia meridional

En un nuevo estudio, se muestran los obstáculos que se interponen ante las mujeres voluntarias en Asia meridional y la forma de vencerlos.

Tras el devastador terremoto que sacudió Pakistán el 8 de octubre de 2005, Askeena Bibi se ofreció como voluntaria y se fue a trabajar lejos de su familia, que vivía en el valle de Allai, Provincia de la Frontera Noroccidental.

Después del terremoto, Askeena recuerda que un hombre al que estaba prestando primeros auxilios, le preguntó “¿por qué toca usted a un hombre? Usted es musulmana”. Ella contestó “soy un ser humano”.

Askeena, madre de un hijo joven, cuenta en qué consiste su trabajo: “Ayudamos a hombres y mujeres, ayudamos a todo el mundo”.

Esta postura tan restrictiva del papel de las mujeres fue uno de los obstáculos para el reclutamiento, la formación y el despliegue de mujeres voluntarias en Asia meridional que se analizaron en el estudio de la Federación Internacional, titulado Mujeres voluntarias en las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja de Asia meridional. En él, el asesor Karishma Khanna, que entrevistó a mujeres voluntarias en Bangladesh, Maldivas, Nepal y Sri Lanka, describe las limitaciones, tales como la cultura, la estructura social, la falta de educación, la falta de tiempo debido a las responsabilidades ligadas a la familia y a las tareas agrícolas, así como la preocupación por las condiciones de viaje y seguridad. Khanna estima que las mujeres voluntarias son esenciales para el éxito y la sostenibilidad de los programas en ámbitos como el VIH/SIDA, la asistencia maternoinfantil, el agua y saneamiento y el apoyo psicosocial.

Si bien Pakistán no formó parte del estudio, la delegada de la Federación Internacional, Salome Zan, asegura que muchos de estos aspectos son válidos también en este país.

“Muchas mujeres en Pakistán conocen la importancia de la educación para la salud. Pero a menudo son demasiado tímidas para hablar de sus problemas de salud, por ello queremos educarlas, pero antes tenemos que hablar con los hombres”.

Para estimular a las mujeres a que trabajen como voluntarias en los programas de salud tras el terremoto ocurrido en Asia meridional, Salome Zan y sus colegas explicaron a los jefes comunitarios y religiosos en qué consistían los programas. Planearon actividades que correspondían a las mujeres como la salud maternoinfantil, ajustaron los horarios para que las mujeres pudieran cumplir sus tareas domésticas y sus responsabilidades y se encargaron de solucionar los problemas de seguridad.

Salome Zan explica que seguir estas etapas, que son algunas de las 15 recomendaciones formuladas en el informe sobre las mujeres voluntarias, no sólo contribuirá a reforzar las filas de éstas sino que también permitirá a muchas otras mujeres y niños dirigirse a los centros de atención primaria de salud.

El objetivo es ayudar a las personas ahora pero también hay que prepararlas para las futuras emergencias. Salome Zan y sus colegas ayudan a las comunidades a crear comités de salud integrados por hombres y mujeres, incluyendo a profesores, mullahs, jefes de pueblos y trabajadores de salud. Cuando ocurren desastres, el comité sabe cómo movilizar rápidamente los recursos.

El proceso es complejo, indica Zan. “Primero, ganamos la confianza de los voluntarios, luego formamos a las mujeres, se trata de un proceso que la comunidad puede aceptar”.

Pero las mujeres voluntarias son esenciales para llegar a la mujeres en la comunidad, señala. “Trabajan con las mujeres, se sienten más cercanas de ellas y son más abiertas con ellas que con los hombres”.

En los escombros de un antiguo centro de salud, a una hora de coche de Banna, se encuentra la unidad básica de salud de la Organización Mundial de la Salud, donde la voluntaria Surea Bibi suministra medicamentos a las personas que solicitan ayuda a menudo después de haber caminado durante horas. Como no hay una filial de la Media Luna Roja de Pakistán, la unidad básica de salud es atendida por colaboradores de la Federación Internacional.

Surea Bibi, vive al lado de la unidad básica de salud y tiene una formación de partera tradicional..

“Estoy contenta de ayudar a la gente y no necesito dinero. Estoy agradecida a las mujeres que me enseñan”, asegura.

Stacey M. Winston
Delegada regional de información de la Federación Internacional en Asia meridional.

 


La hija de la voluntaria Surea Bibi frente a las ruinas de lo que fue el dispensario comunitario antes del terremoto del 8 de octubre de 2005.
©Stacey M. Winston / FEDERACIÓN INTERNACIONAL


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