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Estigma, Discriminación
y VIH en la India

 

Sólo Sudáfrica y Nigeria tienen un número superior de personas que viven con el VIH. La autocomplacencia, la ignorancia y el conservadurismo social impiden poner coto a la epidemia.

ENTRAMOS con el vehículo al mayor hospital para pacientes con VIH de la India, adonde multitudes de hombres, mujeres y niños acuden para tomar hora o visitar a parientes que reciben tratamiento en los edificios del Hospital de Thambaram, situado en la sureña ciudad de Chennai.

El hospital administrado por el gobierno, se creó en 1937 como un sanatorio para los tuberculosos, pero desde 1993 atiende también a personas afectadas por el VIH. Cada día se atiende en consulta hasta 800 personas, muchas de ellas vienen de localidades situadas a 200 km de distancia. “No rechazamos a nadie. Si no hay camas libres las hacemos dormir en el suelo”, explica el director adjunto del hospital de Thambaram, Dr. Chandra Sekaran.

Esta actitud tolerante, incluso entre los miembros del cuerpo médico, es poco frecuente en la conservadora sociedad de la India, en la cual el estigma y la discriminación son muy comunes. Estacionamos frente al centro de la Cruz Roja de la India. La coordinadora de proyectos, Shanta Diaz, una mujer enérgica que pisa ya los 50, me comentó que incluso le había costado conseguir a personas que trabajaran para ella, como choferes, porque temían contagiarse con el virus.

Asistencia y nutrición

Diaz es experta en dietética y su equipo está compuesto sólo por mujeres que se encargan de servir hasta 200 comidas diarias, satisfaciendo así un tercio de las necesidades nutricionales diarias de los pacientes.

La mezcla especial que se sirve (pongal) está compuesta de arroz y guandú, condimentada con comino y anacardos, y tiene gran éxito entre los pacientes que forman colas para probar este sabroso complemento de su dieta alimentaria diaria.

Cada mes las mujeres distribuyen a los recién llegados 400 lotes de jabón, toallas y dentífrico. Pero el servicio de la Cruz Roja no se reduce sólo a la simple distribución de alimentos y artículos de aseo. El apoyo psicológico y el asesoramiento son también parte esencial de su labor para ayudar a los pacientes a reconstruir su vida.

“La gente siempre me pregunta: ¿cuánto me queda por vivir?”, cuenta Shanta Diaz. “Y les contesto, ‘¿cuánto desean vivir?’ Les digo que si siguen tomando los medicamentos antirretrovíricos, comiendo bien y cuidándose, podrán aumentar el conteo CD4 y seguir disfrutando plenamente de la vida”.

Pero dice que la situación es mucho más dura para las mujeres. Para el 90% de ellas el único factor de riesgo es el hecho de estar casadas. Después de que se les diagnostica que han contraído el virus, muchas son dejadas por sus maridos, que las infectaron, y rechazadas por sus familias.

Estigma

Malti, una frágil mujer de 25 años que parece 10 años más joven, acaba de enterarse de que tiene el VIH. Las consejeras de la Cruz Roja convencieron a su marido para que dejara que le hicieran la prueba a Vidhya, la hija de ambos, pero no se sabe si éste irá a recoger los resultados. Malti se unirá a las demás mujeres del pabellón, donde los visitantes son escasos y es palpable el ambiente de desesperación.

Otra mujer, de 24 años, Lalitha, juega nerviosa con su desgastado sari verde, sentada con las piernas cruzadas en su cama. Su marido es alcohólico, la golpea a menudo y gasta el poco dinero que gana como jornalero en bebida y sexo.

Conteniéndose para no llorar me dice que tiene ganas de suicidarse y matar también a sus hijos. “Mi marido divulgó por todos lados que habíamos contraído el VIH. Si vuelvo allí seré tratada como una paria. Nadie jugará con mis hijos, tengo miedo de infectar a mis hijos cuando ando con el período o me corto”. Muchas de las mujeres han contagiado a sus hijos sin querer cuando estaban embarazadas o amantándolos.

En el pabellón colindante para niños, Vasanti está sumida en una fuerte depresión. Su hijo Ravi, de 10 años, fue diagnosticado seropositivo hace una semana y ella y su marido son seropositivos desde hace varios años. Él sufre de diarrea crónica y ella tiene dolores de estómago. Cuenta que los médicos en el estado donde vive, Andhra Pradesh¸ se rehusaron a prescribirle un tratamiento antirretrovírico y por eso vino a Thambaram.

El muro de silencio

En la India, hospitales y médicos se muestran a veces reacios a atender a las personas con VIH. El estigma no hace diferencias de clase social.

Bala proviene de una clase media sólidamente arraigada y tiene una licenciatura en finanzas. Nunca pensó verse afectado algún día por el VIH. Sin embargo, terminó en Thambaram después de que un hospital privado de Chennai se negara a atenderlo. Padece de úlcera al estómago y de una gran pérdida de peso, pero duerme con un libro sagrado debajo de la almohada y dice que aconsejará a sus amigos para que no cometan el mismo error que él y se protejan tengan relaciones sexuales.

Según el Dr. Chandra Sekaran, muchos hospitales se sacan de encima los casos de VIH pues no desean o no saben tratarlos. Explica que el estigma y la discriminación en la familia, en el lugar de trabajo y entre el cuerpo médico son los principales obstáculos para poner freno a la propagación del VIH.

La epidemia no ha alcanzado aún en la India su punto máximo, por ello, Thambaram ha comenzado a organizar pasantías para médicos procedentes de todo el país, a fin de estar mejor preparados para saber hacer frente a un aumento del número de pacientes en los respectivos hospitales.

Ampliando actividades

Más de 2,5 millones de personas viven con el VIH en la India y una de cada dieciséis personas que vive con el VIH en el mundo reside en la India.

“No será posible controlar la epidemia a nivel mundial si no se controla primero en la India”, advierte Mukesh Kapila, representante especial para el VIH/SIDA de la Federación Internacional.

El 1 de diciembre, Día Mundial del SIDA, del año 2006, la Federación Internacional lanzó una alianza mundial para ampliar los esfuerzos destinados a duplicar el número de participantes directos y beneficiarios en los programas de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en materia de VIH en los países de ingresos bajos y medios.

Para la Cruz Roja de la India el VIH ha pasado a ser una prioridad en el ámbito de la salud pública. No obstante, los programas de atención y de apoyo como el que se realiza en Thambaram son la excepción y no la regla.

La Cruz Roja de la India forma actualmente a jóvenes en 520 escuelas y colegios de 13 de los 600 distritos con que cuenta el país en cuatro estados de alta prevalencia: Karnataka, Andhra Pradesh, Maharashtra, Tamil Nadu y en el estado sumamente vulnerable de Uttar Pradesh, para recomendar la abstinencia, la fidelidad y el uso de preservativos como parte de un curso general de técnicas de vida. Los programas educativos llegan también a obreros y presos. Otras Sociedades Nacionales de la región han extendido el ámbito de sus programas de educación entre pares para incluir a las personas vulnerables clave —los portadores de la epidemia— tales como los consumidores de drogas, los trabajadores del sexo y los trabajadores migrantes.

Kapila y muchos otros miembros de la Federación Internacional opinan que este enfoque es el más indicado para seguir adelante.

“Para que la labor de prevención sea eficaz”, explica Kapila, “es necesario localizar a las personas antes de que sean infectadas”.

“Tenemos que salir de nuestro conservadurismo innato y recordar que tratar a las personas marginadas y estigmatizadas forma parte de nuestros valores universales. Es fundamental que las Sociedades Nacionales sepan anticipar mejor y comiencen a abordar aquellos grupos que son los que transmiten la epidemia”.

En una reciente visita a Thambaram, el representante propuso que la Cruz Roja siguiera más de cerca a las personas que viven con el VIH después de que dejan el hospital. Los voluntarios con experiencia jurídica podrían por ejemplo ocuparse de los casos que son objeto de despidos injustos y de discriminación en el lugar del trabajo, mientras que las asociaciones con organizaciones no gubernamentales que representan a las personas afectadas por el VIH podrían aumentar el efecto de la labor de la organización.

“Thambaram,”, precisa el representante, “es un proyecto piloto, pero para que la Cruz Roja sea realmente eficaz en la India no sólo tiene que mejorar y reforzar la labor de apoyo y de prevención, sino que también debe hallar maneras innovadoras para luchar contra el flagelo del VIH”.

El Secretario General de la Cruz Roja de la India, Dr. S. P. Agarwal, asegura, “con mayores recursos, podríamos trabajar en un mayor número de estados y de escuelas. Es la única forma de hacer un verdadero aporte; además debemos aprovechar nuestra fuerza que es la gran red de jóvenes voluntarios”.

Claire Doole
Periodista independiente radicada en Suiza. Los nombres son ficticios para proteger la identidad de las personas.

 


El personal en el Hospital de Thambaram en Chennai ayuda a las personas con VIH a disfrutar plenamente de su vida.
©CLAIRE DOOLE / FEDERACIÓN INTERNACIONAL

 

 

 

 


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