Sin
embargo a mediados de enero, unas 55.000 personas habían
sido desplazadas prácticamente sin pérdidas
humanas. Para un Estado africano que viene saliendo de un
conflicto, el hecho es toda una hazaña apenas destacada
(véase recuadro).
Pronósticos y alertas
Mozambique junto con Bangladesh, el Caribe y África
Occidental y Central ejemplifican perfectamente lo que entendemos
por “alerta temprana, acción temprana”,
un concepto que empieza a resonar entre la comunidad humanitaria
desde hace algún tiempo, pero que hoy suscita cada
vez más interés.
“Excepcionalmente decidimos mandar fondos de emergencia
a los países de África Meridional afectados
por las inundaciones en enero, pese a la poca probabilidad
de que la situación se deteriorase y a los pronósticos
de mediano alcance”, señala Peter Rees, jefe
del Departamento de Apoyo a las Operaciones de la Federación
Internacional.
“La labor de la Cruz Roja y la Media Luna Roja es
preparar a las comunidades mediante la red de voluntarios
y ayudarlas a ser independientes”, añade.
Lo nuevo en el concepto de “alerta temprana, acción
temprana” es, como de costumbre, pasar a la acción
humanitaria —movilizar suministros, personas, dinero— pero
basándose en pronósticos y alertas. Y a nivel
comunitario, difundir esas alertas de manera que la gente
pueda actuar con confianza.
Según la experiencia de Rees en la gestión
del Fondo de Reserva para el Socorro en Casos de Desastre
(DREF) —una reserva en efectivo para las Sociedades
Nacionales que enfrentan emergencias—lo más
destacado es el fuerte incremento sobre todo en las catástrofes
relacionadas con el clima: tormentas, inundaciones, sequías,
y las emergencias de salud que pueden generar. Precisamente
el tipo de fenómenos a menudo previsibles.
El Instituto Internacional de Investigación en Clima
y Sociedad de la Universidad de Columbia de Nueva York, entidad
especializada en integrar la información relativa
al clima en el proceso de toma de decisiones, y la Federación
Internacional han establecido una alianza destinada a desarrollar
métodos de alerta temprana que permitirán a
la Federación movilizar su red para pasar a una acción
inmediata.
Según explica Molly Hellmuth, coordinadora del Instituto, “Intentamos
proporcionar a la Federación información relativa
al clima y a fenómenos meteorológicos en un
contexto determinado, y así podemos ayudarla a situar
anomalías climáticas y traducirlas a un lenguaje
que toda la red de la Federación pueda comprender”.
La oficina zonal de la Federación Internacional para África
Occidental y Central en Dakar (Senegal) también colabora
con centros africanos en relación con los fenómenos
climáticos que atañen a la seguridad alimentaria.
Maarten van Aalst, experto del Centro de Estudios sobre
el Cambio Climático en La Haya, explica “la
acción temprana no se aplica sólo cuando un
desastre determinado, como un ciclón, está a
punto de producirse, sino que también a escalas de
tiempo mayores cuando se trata de una alerta sobre un riesgo
elevado”.
Dar aviso
“La Cruz Roja y la Media Luna Roja deberían
encargarse de dar la alerta temprana y, al mismo tiempo,
de llevar la noticia a los hogares”, asegura Bhupinder
Tomar, especialista de la Federación Internacional
en preparación para desastres.
“Necesitamos un mecanismo que permita efectivamente
una acción después de la alerta temprana, e
incluya por ejemplo el acceso a los recursos humanos y financieros
en un plazo breve.
“El reto es no sólo informar a las comunidades
del riesgo de un desastre inminente, sino también
ayudarlas a enfrentarlo”, añade.
En Togo, unos expertos están por poner a prueba un
sistema de alerta temprana en las aldeas propensas a las
inundaciones utilizando unos postes con bandas de colores
que representan los niveles de peligro. Cuando las aguas
en caso de inundación suben hasta la banda roja, explica
Youcef Ait-Chellouche, coordinador de gestión de desastres
para África Central y Occidental, “la gente
sabe que debe ir a lugares seguros.”
Cuando se pronosticaron lluvias torrenciales este año
en África Occidental, la Federación Internacional,
hizo un llamamiento preventivo cifrado en 750.000 dólares
estadounidenses a fin de prepararse para las inundaciones,
a lo que se añadió un sustancial aporte del
DREF, tal como ocurrió para el llamamiento en favor
de África Meridional a principios de este año,
lanzado a raíz de las inundaciones. La oficina zonal
ubicó estratégicamente reservas de socorro
en tres ciudades diferentes y elaboró planes de contingencia
y sistemas de alerta temprana en cooperación con las
Sociedades Nacionales.
Poco después del llamamiento, miles de personas en
Monrovia se quedaron temporalmente sin hogar tras unas inundaciones
que fueron, según se describió, las más
graves jamás registradas en la capital liberiana,
al mismo tiempo que las lluvias torrenciales sembraban la
muerte y la destrucción en Benín, Burkina Faso,
Chad, Gambia, Côte d’Ivoire, Níger, Nigeria
y Togo.
Es mucho más fácil esperar que ocurra el desastre
y responder luego que estar siempre al acecho interpretando
cuidadosamente los pronósticos escritos y asignando
recursos según la experiencia, el juicio y el asesoramiento
especializado y no las noticias de la tarde.
“Pero mientras los donantes no acepten la idea de
pasar a la acción antes de que se produzca el desastre”,
asegura Rees, “tendremos que apoyarnos en el DREF,
el único instrumento suficientemente flexible para
permitirnos garantizar una acción verdaderamente anticipada.”
| Alex
Wynter
Periodista y redactor independiente radicado en
Londres.
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“Envíennos motores
fuera de borda”
Sergio Moiane, responsable local, señala en
un mapa en la pared el centro de socorro en casos de
inundaciones del Gobierno de Mozambique en Buzi, localidad
situada inmediatamente al sur de Beira. “Esta zona
es como un embudo”, explica. “Por lo tanto,
sabemos con toda seguridad que cuando el nivel del Dombe
alcanza
5, 5 metros, habrá inundaciones tres días
después.”
Y así fue. A mediados de enero, en plena estación
de lluvias, Buzi quedó literalmente anegada por
las aguas que habían empezado a retirarse. No
hubo muertos, aunque más de 1.100 evacuados río
arriba fueron alojados temporalmente en las cercanías
y las inundaciones fueron las más graves ocurridas
desde la
independencia en 1975.
Buzi es también la base para la formación
del equipo de rescate en el agua de la Cruz Roja de Mozambique,
que podrá reconstituir sus reservas de combustible
y llenar los motores fuera de borda gracias en parte
al subsidio en efectivo procedente del DREF de la Federación
Internacional. El presidente de la filial y responsable
de equipo, Paulo Inacio Maguanda, señala amablemente
que las evacuaciones cuestan dinero.
Sólo mecanismos de ayuda de efecto rápido
como el DREF pueden sustentar una acción inmediata
local como ésta, ya que el dinero internacional
no alcanza a filtrarse hasta las filiales durante la
fase de emergencia. Pero una vez que está asegurado
el subsidio del DREF, la sede de la Sociedad Nacional
puede apoyarse en sus propias
reservas según sea necesario.
La Cruz Roja de Mozambique mantiene los equipos con
embarcaciones en cuatro de las provincias afectadas por
las inundaciones, aunque la escasez de piezas de repuesto
y motores a fines de enero era bastante problemática.
Al preguntarle lo que más deseaba tras el llamamiento
regional lanzado por la Federación Internacional
una semana después que se anunciara la contribución
en efectivo del fondo de reserva de la Federación,
Maguanda contestó sin vacilar: “Envíennos
motores fuera de borda”. |
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