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“Estoy vivo”

 

Restablecer el contacto entre familiares separados en tiempo de crisis es una actividad cada vez más importante en la respuesta del Movimiento desde Indonesia a la República Democrática del Congo, pasando por Haití.

CINCO días después de que el terremoto del 12 de enero en Haití destruyera todo lo que conocían –barrio, hogar, escuela– los tres niños deambulaban por entre los escombros y el caos sin saber lo que les había ocurrido a sus padres.

“Estaban gritando y no sabían adónde ir”, recuerda Chantal Pitaud, experta en actividades de restablecimiento del contacto entre familiares (RCF) de la Cruz Roja de Haití.

Un hombre los llevó a la oficina de la delegación del CICR, donde Pitaud y el equipo de RCF tomó los datos de los niños, los ayudó a encontrar un alojamiento temporal, localizaron el paradero de su madre y se encargaron de organizar un encuentro.

“Los niños haitianos han sufrido muchísimo”, dice Pitaud. “Fue tristísimo ver a esos tres niños llorando… Pero su rostro cambió completamente cuando se reunieron con su madre, que también se alegró de volver a verlos y saber que estaban sanos y salvos.”

Creada inicialmente para ayudar a las familias a ubicar a sus seres queridos en tiempo de guerra y encarcelamiento, la red de RCF se ha ido utilizando cada vez más en caso de huracanes, terremotos y tsunamis.

En el caso de Haití, por ejemplo, fue la primera vez que el Movimiento movilizó a un equipo de despliegue rápido procedente de su recién constituida reserva de expertos en RCF. Así pues, en un plazo de 48 horas, especialistas de tres Sociedades Nacionales (Austria, Francia y los Países Bajos), del CICR y de la Federación Internacional aterrizaron en Puerto Príncipe.

Equipados con teléfonos satelitales, computadoras y un sistema de registro desarrollado tras años de experiencia en el ámbito de la búsqueda de personas, el equipo se reunió con sus colegas de la Cruz Roja de Haití, organizó las operaciones y ayudó a conectarse a las personas que buscaban a sus seres queridos en los campamentos circundantes o incluso en París, Nueva York y Montreal.

Paralelamente, las Sociedades Nacionales de Francia, Canadá, los Estados Unidos, la República Dominicana y Brasil se movilizaron para restablecer el contacto entre los supervivientes y la diáspora haitiana, muchos de cuyos integrantes llamaban desesperados a sus Sociedades Nacionales para conseguir noticias. La Cruz Roja Dominicana prestó servicios a unos 700 haitianos que eran atendidos en hospitales de la República Dominicana.

Respaldado por la Agencia Central de Búsquedas, cuya labor es registrar los datos de personas desaparecidas y coordinar las actividades de RCF en el mundo, el equipo creó un sitio web en el que las personas de Haití, o de la diáspora, podían hacer un lista con sus nombres o los nombres de las personas que andaban buscando.

En Haití, el servicio se dio a conocer mediante canciones publicitarias transmitidas en las emisoras locales y en altavoces colocados en camiones. En la primera semana, se registraron más de 16.000 nombres, cifra que sobrepasó rápidamente las 26.000.

Una superviviente que lo perdió todo en el seísmo, incluso a su marido, llamó a su hijo a Santo Domingo, en la República Dominicana. “Quiero marcharme”, decía Marie Simon de 61 años, ¡díganme qué hacer!”

El desastre de Haití bien puede servir como estudio de caso para destacar lo importante que es mantener el contacto en tiempo de crisis y poder reconfortar, ayudar o simplemente decir a sus seres queridos: “Estoy vi o.”

“Es de suma importancia”, dice Chantal Pitaud. “El servicio de RCF da a la gente fuerza para sobrevivir, lo cual es particularmente cierto en el caso de las personas gravemente heridas que son trasladadas a otro lugar, incluso a otro país, para recibir tratamiento. Da a la gente una razón para esperar.”

Recordar a los muertos
Ahora bien, en catástrofes de esta magnitud, muchas veces los sobrevivientes nunca encuentran a sus seres queridos. En Haití, muchas personas desaparecidas pueden permanecer sepultadas bajo los escombros durante meses o en fosas comunes, a las que los abrumados funcionarios de la morgue trasladaron sus cuerpos en camión. Relativamente pocos pudieron encontrar e identificar los restos de sus seres queridos para darles una sepultura adecuada y hacer el duelo de manera digna.

“Muchos dirán que inmediatamente después de un desastre no tendríamos que preocuparnos tanto de los muertos”, acota Morris Tidball-Binz, experto forense del CICR que ayuda a las familias y los gobiernos a identificar los restos mortales para que puedan recibir una sepultura decorosa. Ahora bien, muchos reconocen hoy que la gestión de los muertos es uno de los pilares de la respuesta en casos de desastre porque si no se atiende a la cuestión de los muertos, las familias y comunidades afectadas no olvidarán.”

La correcta identificación de los muertos es un aspecto triste pero necesario de la labor de RCF -añade- porque a las personas y comunidades que no tienen respuestas, que no pueden hacer el duelo adecuadamente, les cuesta sanar y les lleva más tiempo recuperarse.

En Puerto Príncipe, Tidball-Binz colaboró con funcionarios en la morgue del hospital universitario del Estado para tratar centenares de cadáveres llevados allí diariamente, así como para elaborar prácticas de identificación y de inhumación que aumentan las probabilidades de las personas de encontrar los restos de sus seres queridos.

El CICR también proporcionó miles de bolsas mortuorias y otros suministros y ayudó a las autoridades gubernamentales y las Sociedades Nacionales a comunicar que los cadáveres en desastres de este tipo no plantean un peligro de enfermedad infecciosa.

Es una de las razones por las que el RCF es un aspecto preponderante de la respuesta del Movimiento a desastres. La Estrategia del Movimiento relativa al Restablecimiento del Contacto entre Familiares (2008-2018), aprobada en noviembre de 2007 por el Consejo de Delegados, insta a todo el Movimiento a que intensifique los esfuerzos y la sensibilización en materia de RCF.

En 2009, el CICR publicó un manual para el terreno, titulado El restablecimiento del contacto entre familiares en casos de catástrofe. Esta herramienta de formación para los voluntarios y el personal de la Cruz Roja y la Media Luna Roja ofrece una guía práctica sobre varias cuestiones que van desde cómo tomar información adecuada de personas desaparecidas hasta registrar correctamente los datos de cuerpos no identificados y enterrarlos para que sus familiares puedan localizarlos, reclamarlos o incluso exhumarlos.

La promesa de Dunant
La idea nació hace mucho tiempo en los campos de batalla de Solferino, cuando el fundador del Movimiento, Henry Dunant, encontró a un soldado moribundo que deseaba enviar un mensaje a sus padres.

“Un cabo de unos veinte años, de rostro afable y expresivo, llamado Claudius Mazuet, había recibido un balazo en el costado izquierdo”, escribió Dunant en sus memorias, “su estado ya no permite la esperanza, y él lo sabe muy bien”.

Dunant reconfortó al hombre y prometió contactar a sus padres. A su regreso a Ginebra, fundó la Cruz Roja. Pero “no olvidó al joven que murió en sus brazos”, escribe Caroline Moorehead en su libro, Dunant’s Dream. En efecto, Dunant ubicó a sus padres en Lyon y les contó lo que había sucedido a su único hijo.”

Con el tiempo, la dedicación de Dunant al soldado moribundo se convirtió en una función esencial del CICR: la Agencia Central de Búsquedas, que ha registrado información sobre soldados y civiles muertos o desaparecidos en conflictos armados desde la guerra franco-prusiana de 1870 hasta todos los principales conflictos del siglo XXI, pasando por las dos guerras mundiales.

Si bien la función esencial ha seguido siendo la misma, la misión ha evolucionado junto con la tecnología. Hoy, la búsqueda cuenta con una gama de herramientas (Internet de alta velocidad, Skype, sms) que permite conexiones a escala mundial más rápidas, señala Olivier Dubois, director adjunto de la Agencia Central de Búsquedas y de la División de Protección del CICR.

“El tsunami de 2004 fue el punto de viraje”, destaca Dubois. “Fue una catástrofe natural que sucedió al mismo tiempo en muchos países diferentes y al castigar las zonas costeras afectó a los turistas. Las Sociedades Nacionales del mundo entero fueron contactadas por los parientes de personas que no tenían noticias de sus seres queridos.”

El terremoto de Pakistán y el huracán Katrina en los Estados Unidos siguieron captando la atención, mientras un estudio reciente realizado por el CICR entre 4.000 supervivientes de conflictos concluyó que mantener los vínculos familiares es una prioridad. “Para los entrevistados la seguridad y el bienestar de los familiares son la principal preocupación”, puntualizó Annika Norlin, asesora de la Agencia Central de Búsquedas.

Tanto en caso de guerra como de desastre natural, el contacto con los familiares no sólo ayuda a sanar las heridas espiritualmente sino que a menudo es un soporte para la supervivencia y la recuperación.

Hoy las operaciones de RCF son tan diversas como los países y las culturas donde se realizan. En la República Democrática del Congo, por ejemplo, los colaboradores de la Cruz Roja se encargan de poner en contacto a las personas separadas por años de guerra civil al mismo tiempo que se ocupan de manejar en calidad de organismo nacional de facto los restos mortales de víctimas de guerra o de accidentes aéreos.

Los voluntarios de la Media Luna Roja en Afganistán se encargan de entregar mensajes escritos (por tierra, a veces en circunstancias peligrosas) y buscan el paradero de personas dispersas en las zonas de conflicto. También en Afganistán, el CICR ha organizado video-llamadas telefónicas entre los detenidos en prisiones estadounidenses y sus parientes.

En Indonesia, los voluntarios de la Sociedad Nacional de ese país tienen la tarea de ayudar a quienes, procedentes de Afganistán y Sri Lanka, aterrizan en Indonesia para seguir hacia Australia. Los voluntarios encargados del servicio de RCF también integraron los equipos de respuesta inicial cuando ocurrieron las terribles explosiones de 2002 en Balí y de 2009 en Yakarta.

“Un poco de luz”

Cinco años después del tsunami, la Cruz Roja Indonesia cuenta con coordinadores de actividades de RCF en sus 33 filiales. “Estas actividades no requieren un presupuesto elevado”, indica Andreana Tampubolon, jefa del servicio de RCF para la Sociedad Nacional. “Cuando podemos restablecer el contacto entre familiares es como una sanción, tanto para ellos como para nosotros.”

“A menudo hay un riesgo. Cuando se buscan respuestas contactando a otras Sociedades Nacionales que no poseen este servicio, resulta difícil localizar a las personas buscadas”, añade.

Esa falta de correspondencia es uno de los principales problemas de la red, según se indica en la Estrategia relativa al restablecimiento del contacto entre familiares. Además se destaca que en la red no se entiende bien la labor que se desempeña en ese ámbito y no existe un sentimiento arraigado de compromiso y responsabilidad, y cuando a esto se suma la escasez de recursos las Sociedades Nacionales se ven obligadas a postergar la labor de RCF.

Otras dificultades provienen de fuentes externas. Después del 12 de enero, varios sitios importantes de Internet (CNN, Google, por mencionar sólo dos) promocionaron sus propios sitios web de búsqueda. Pero no se sabe cuánto tiempo se mantendrán esos sitios y si crearán confusión entre los supervivientes o mermarán la confianza del público en el servicio de búsqueda si no se maneja como es debido la información.

A veces la burocracia complica las cosas. Con la ayuda de un médico, Eclane Noel, de 33 años, consiguió localizar a su hijo de 2 años, Kervins, que había sido llevado al barco estadounidense Comfort y trasladado de regreso a un hospital de campaña en el norte de Haití. En el momento de publicar esta revista, Eclane no había conseguido que le devolvieran a su hijo porque no había podido demostrar que era su madre. Los trabajadores de la Cruz Roja de Haití en el terreno creen que lo es y están haciendo lo posible por resolver el caso.

La buena noticia en Haití fue que la delegación del CICR, la Cruz Roja de Haití y muchas de las Sociedades Nacionales participantes han realizado actividades de RCF e impartido formación en ese ámbito mucho antes del terremoto.

“Haití muestra a otras Sociedades Nacionales del mundo la necesidad de prepararse”, dice Pierre Barras, que encabezó el despliegue de emergencia en materia de RCF que el CICR hizo en Haití. “Podíamos contar con una red eficiente de voluntarios que pudieron atender de inmediato las necesidades… Para las personas afectadas, ello aportó un poco de luz en una situación muy sombría”.

Malcolm Lucard, redactor de Cruz Roja Media Luna Roja


Roger Bimael, de 17 años, (izquierda) se reunió con sus seres queridos el año pasado después de que su familia quedara separada a causa del conflicto en la República Democrática del Congo.
©Carl de Keyzer/CICR

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“No se olvidó del joven que murió en sus brazos y buscó a sus padres para contarles lo que había ocurrido a su único hijo.”
Caroline Moorehead
en su libro,
Dunant’s Dream
(El sueño de Dunant).

 

 

 

 

 

 

 

 

 


A esta superviviente se le iluminó el rostro cuando le dijo a su familia que estaba sana y salva. El CICR y la Cruz Roja de Haití pusieron a disposición un teléfono satelital en un puesto de RCF instalado en uno de los campamentos improvisados del distrito de Canape Vert.
©Marko Kokic/CICR

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Una voluntaria escucha a una mujer que busca a su hijo, evacuado de Haití por razones médicas.
©Marko Kokic/CICR

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Cuando podemos ponernos en contacto con alguien y conectarlo con su familia, es como una sanación, tanto para ellos como para nosotros.”
Andreana Tampubolon,
jefa de actividades de RCF
de la Cruz Roja Indonesia

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Esta postal manuscrita, fechada el 1 de diciembre de 1871, fue uno de los miles de mensajes enviados por la Agencia de Basilea, establecida especialmente por los responsables de la Cruz Roja para reunir a las familias separadas durante la guerra francoprusiana.
©Imagen, cortesía del Museo Internacional de
la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Una mujer que busca a sus parientes después del tsunami de 2004 en un puesto de búsqueda instalado en Banda Aceh por la Cruz Roja Indonesia y el CICR.
©
Thierry Gassmann/CICR

 

 

 

 

 

 

 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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