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Proteger a los testigos


Sin periodistas como el fotógrafo francés Rémi Ochlik, el mundo no sabría nada de las importantes historias humanitarias del mundo. Antes de que Ochlik fuera asesinado junto con la corresponsal estadounidense Marie Colvin en la ciudad siria de Homs sitiada, en febrero pasado, realizó reportajes en Haití, la República Democrática del Congo y Libia. En esta foto se ve a Ochlik en El Cairo, Egipto, durante los disturbios civiles, noviembre de 2011.
Fotografía: ©REUTERS/Julien de Rosa, cortesía de www.alertnet.org

 

 

Dar testimonio

Durante un conflicto o un desastre natural, los periodistas y los trabajadores humanitarios tienen metas muy distintas. Los primeros quieren publicar un artículo, servir de testigo de lo que está ocurriendo sobre el terreno, mientras que los segundos tratan de llevar a las personas la asistencia que necesitan para sobrevivir.

Sin embargo, estas metas también convergen. Para los grupos humanitarios, los periodistas contribuyen a que se tenga en cuenta a las personas más vulnerables y sus artículos pueden motivar la respuesta internacional o local. Por su parte, los grupos humanitarios a menudo proporcionan la información y el acceso que los periodistas necesitan para dar cuenta de esos hechos.

Lamentablemente los periodistas, al igual que los trabajadores humanitarios, a menudo llevan a cabo su profesión corriendo grandes riesgos. El conflicto en Libia y Yemen y los disturbios civiles en Egipto, Siria y Túnez hicieron que 2011 fuera uno de los años en que murieron más periodistas. Mientras tanto, los periodistas que cubren las zonas de inseguridad o de conflicto en Colombia, la República Democrática del Congo, Irak o Pakistán enfrentan la amenaza de muerte, incluso cuando realizan reportajes de rutina sobre política, economía, delincuencia o desastre natural.

Hoy, el panorama de los medios de comunicación va cambiando más rápidamente que la índole de la guerra. A medida que proliferan las armas pequeñas y los grupos armados, también lo hacen los blogueros y los ciudadanos convertidos en periodistas que, a menudo equipados con apenas un teléfono móvil y una computadora portátil, transmiten imágenes directamente a todo el mundo desde las zonas adonde los medios de comunicación internacionales no pueden llegar.

En este mundo violento y de tecnología tan sofisticada, los periodistas que cubren las crisis humanitarias ¿necesitan una mayor protección en virtud de los Convenios de Ginebra y de sus Protocolos adicionales? Los grupos humanitarios ¿tienen la responsabilidad de intervenir en favor de los periodistas que, en cierto modo, podrían considerarse un grupo vulnerable?

Para más información sobre el periodismo durante los conflictos armados y los desastres naturales, visite nuestro sitio web, www.redcross.int.

 

 

“Hay que
tener cuidado. Posteriormente,
si se establecen
tribunales o
se hacen juicios internacionales,
estos relatos pueden
ser de gran ayuda
durante la acción
judicial”.

Tania Mehanna
,
periodista de la
Corporación Libanesa
de Radiodifusión y
veterana reportera
de conflictos internacionales.

 

 


La gran mayoría de periodistas asesinados en el desempeño de sus tareas son reporteros locales especialmente seleccionados como blanco. En esta foto, periodistas somalíes en los funerales de su colega, Abdisalan Sheikh Hasan, en el sur de Mogadiscio, diciembre de 2011. Fotografía: ©REUTERS/Ismail Taxta, cortesía de www.alertnet.org

 

 

El bloc del reportero

¿A qué protección tengo derecho?
De conformidad con el artículo 79 del Protocolo I adicional a los Convenios de Ginebra, los periodistas son protegidos como cualquier otra persona civil o no combatiente, a condición de que no participe en las hostilidades. No se les concede ningún régimen jurídico especial por la misión peligrosa que realizan. Sin embargo, en el artículo 79 los periodistas son reconocidos específicamente y se les confiere toda la protección dada a los civiles en tiempo de combate. Los periodistas acreditados como corresponsales de guerra ante las fuerzas armadas tienen la condición de prisionero de guerra si son capturados.
¿Son protegidos los reporteros que trabajan como empleados de las fuerzas armadas? Los periodistas que trabajan como corresponsales o empleados de una sección de las fuerzas armadas se consideran objetivos legítimos de guerra, pero se les conferirá la misma protección que a los soldados si son hechos prisioneros.
¿Debo incorporarme?
Los periodistas también pueden optar por “integrarse” a las tropas militares. Esto significa que viajan con las unidades militares y se atienen a sus condiciones de seguridad. Los periodistas incorporados son protegidos como personas civiles en virtud del derecho internacional humanitario, pero no gozan de un régimen jurídico especial conforme al derecho a menos que las fuerzas armadas los acrediten y los reconozcan oficialmente como corresponsales de guerra. Asimismo, las tropas a las que acompañan son consideradas un objetivo militar legítimo. Muchos periodistas deciden no incorporarse porque su libertad de movimiento se ve limitada y no pueden trabajar de manera independiente.

 

 

“En situaciones
de conflicto,
necesitamos una
prensa independiente
a fin de disponer de información fidedigna
que no ha sido
censurada
ni autocensurada”.
Solange Lusiku
,
redactora de
Le Souverain,
en Bukavu,
República
Democrática
del Congo.

 

 

“Testigos incómodos”

Tres preguntas para Solange Lusiku, redactora jefe y editora de Le Souverain, periódico independiente que se publica en el este de la República Democrática del Congo.
¿Cree usted que los periodistas locales están más expuestos que los internacionales? No, creo que una vez en el terreno, los peligros son los mismos. Locales o internacionales, todos somos periodistas en el terreno. Sin embargo, sí recuerdo una vez cuando se cometieron las atrocidades en Kaniola, una aldea situada en el territorio de Walungu a más de 50 km de Bukavu, donde hombres, mujeres y niños fueron asesinados como cabras, los rebeldes me borraron el material de información, pero no se atreven a hacer lo mismo con un periodista internacional. ¿Se siente protegida por el derecho de la guerra?
No, los señores de la guerra y los combatientes en el este de la República Democrática del Congo no tienen idea de las normas de la guerra. Una vez que empuñan un arma, pueden dispararle a cualquiera y cuando quieren. Además, los periodistas son testigos incómodos. Es mejor deshacerse de ellos. ¿Cree que puede reforzarse la protección de los periodistas?
Sí, la protección de los periodistas es una prioridad ya que su labor permite tomar conciencia de lo que realmente está ocurriendo. Cuando comienzan los disparos, los periodistas no saben cómo protegerse. Capacitarlos sobre su propia seguridad es una necesidad.

 

 

“Tras dos décadas de guerra, no hay escuelas ni institutos de periodismo. Por lo tanto, la mayoría de los periodistas somalíes no saben cómo se relacionan el derecho internacional o las normas de los Convenios de Ginebra con la información sobre el conflicto”. Mohamed Ibrahim, periodista independiente y corresponsal del New York Times, radicado en Mogadiscio.

Los periodistas son a menudo los primeros en exponerse a la realidad de la guerra y del sufrimiento de las personas vulnerables. Pero también pueden ser tomados como blanco. ¿Qué pueden hacer los trabajadores humanitarios para ayudarlos a mantenerse a salvo y publicar su reportaje?

A tempranas horas de la tarde del 24 de mayo de 2012, el periodista de radio Ahmed Addow Anshur iba caminando por el Suuq Bo’le, un mercado del distrito de Dharkenley en Mogadiscio (Somalia) cuando fue asesinado a tiros por cuatro individuos que, según los testigos, escaparon precipitadamente en motocicletas.

Anshur murió en el acto por las heridas de bala que recibió en la cabeza y el pecho. Es el sexto periodista asesinado en el país este año. Si esta tendencia persiste, 2012 podría convertirse en uno de los peores años para los periodistas somalíes desde 2009, cuando fueron asesinados nueve periodistas.

“La violencia hacia los periodistas se agrava cuando hay un período de transición política”, asegura Mohamed Ibrahim, periodista somalí independiente, que también trabaja como corresponsal del New York Times y es secretario general de la Unión Nacional de Periodistas Somalíes.

“Cuando la situación se politiza mucho, cada grupo trata de manipular a los medios ejerciendo una amenaza o matando a periodistas”, explica. “Además, las pandillas que no están relacionadas con las facciones políticas también pueden verse involucradas en estos asesinatos”. Como sucede con la mayoría de los ataques contra periodistas que se cometen aquí, se desconoce la identidad de los asesinos de Anshur y los crímenes más violentos contra los periodistas quedan impunes. Según el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), con sede en Nueva York, 41 periodistas han sido asesinados en Somalia desde 1992, por lo que es el país del continente africano más peligroso para los trabajadores de los medios de comunicación.

En la imprecisa línea de combate de los conflictos modernos, los periodistas locales como Anshur son los que más riesgos corren. Los reporteros de guerra que se desplazan de un país a otro se enfrentan a peligros extremos, como lo demuestran los numerosos muertos registrados desde 2011 durante la violencia en Libia y Siria. Pero el grueso de los trabajadores de los medios de comunicación muertos son periodistas locales, ayudantes, traductores, choferes y trabajadores de los medios que ayudan en su labor a los reporteros de guerra internacionales.

“La mayoría de los periodistas que son asesinados son los que cubren la información a nivel local”, explica Mohammed Keita, que dirige las operaciones en África para el CPJ. “Ellos son mucho más vulnerables que los periodistas internacionales porque tienen escaso apoyo institucional y viven y trabajan en países donde el principio de derecho es débil”.

Esperanza de vida: 24 horas

Este clima amedrenta a los que tratan de dar a conocer las consecuencias humanitarias del conflicto o la inseguridad. “Nuestra esperanza de vida es de 24 horas, renovable”. Así es como describe Solange Lusiku la situación de los periodistas en la República Democrática del Congo, donde ocho han sido asesinados desde 2006.

Campeona de la libertad de prensa, Lusiku es redactora jefe y editora de Le Souverain, periódico independiente, en Bukavu, la capital de la provincia de Kivu Sur en el este de República Democrática del Congo, una región que respira violencia. Al igual que muchos periodistas y defensores de la prensa, Lusiku dice que la libertad de prensa no solo es vital para la democracia y los derechos humanos, sino también para cualquier intervención humanitaria eficaz.

“La prensa contribuye a la promoción de la democracia y también de la asistencia humanitaria”, precisa. “Los actores humanitarios necesitan a la prensa para presentar los hechos que requieren una intervención urgente o para alertar al público acerca de una situación peligrosa y desastrosa, incluso para informarle acerca del trabajo que han realizado”.

Mientras que los periodistas necesitan a menudo a los grupos humanitarios para desplazarse, conseguir estadísticas y tener acceso a las zonas peligrosas. Lusiku dice que los organismos de socorro también necesitan a los periodistas. “En situaciones de conflicto, necesitamos una prensa independiente a fin de disponer de información fidedigna que no ha sido censurada ni autocensurada”, añade. “Esto también permite a los trabajadores humanitarios orientar y planificar sus intervenciones”.

Por esta razón, sostiene Keita del CPJ, los grupos humanitarios deberían abogar por la protección de los periodistas. Durante las crisis naturales, como la actual sequía en el Sahel o el Cuerno de África, el estado de la libertad de prensa en los países afectados debe ser parte del debate, afirma.

“Si un gobierno se dedica a minimizar la magnitud de la crisis en nombre de la protección de la imagen del país y puede manipular los datos sobre la crisis humanitaria, ello también repercutirá en la respuesta”, asegura.

¿Responsabilidad humanitaria?

Si esto es así, ¿cuál es el papel y la responsabilidad de las organizaciones humanitarias para con la prensa? ¿Protegen adecuadamente las normas que rigen los conflictos armados a las personas que arriesgan su vida para obtener noticias acerca de las realidades de la guerra u otras emergencias peligrosas?

Los acontecimientos recientes, desde las muertes y los secuestros más sonados de periodistas en Afganistán, Colombia, Libia, Pakistán y Siria hasta la creciente cifra total de muertos en el mundo (25 personas asesinadas a mediados de junio de 2012 por medios violentos, según el CPJ) indican que los periodistas son cada vez más vulnerables a los ataques en los lugares donde la información humanitaria es tan necesaria.

Desde 1992, el CPJ ha documentado 919 casos en los que periodistas murieron debido a actos de violencia. De ellos, el 70% fueron asesinados, el 18% quedó atrapado en el fuego cruzado durante el combate y el 12% murió por efecto de la violencia mientras se encontraba en misiones peligrosas.

Numerosas organizaciones nacionales e internacionales (como el CPJ, Reporteros sin Fronteras y la Federación Internacional de Periodistas) luchan enérgicamente por la libertad de prensa y una mayor protección de los periodistas. La mayoría imparte formación a los periodistas sobre cómo protegerse en misiones peligrosas e impulsan públicamente acciones judiciales contra los crímenes perpetrados contra trabajadores de los medios de comunicación, que incluso investigan ellas mismas.

¿Un emblema para la prensa?

Algunos grupos de prensa afirman que ha llegado la hora de renovar y reforzar la protección, incluso de establecer un emblema especial para la prensa, que se codificaría mediante nuevas disposiciones en el derecho internacional humanitario (DI H).

En una conferencia internacional para la protección de los periodistas, celebrada en enero, Murad al Sharif, secretario general adjunto de la Press Emblem Campaign (PE C), reiteró el llamamiento de su organización en favor de una nueva convención internacional para proteger a los periodistas.

“Lo que es esencial hoy en día es concertar un tratado que garantice a los profesionales de los medios de todo el mundo un trato justo”, precisa al Sharif, que aboga por el establecimiento de un tratado que proporcione un sistema de seguimiento de las violaciones y enjuiciamiento de quienes atacan a los periodistas.

Dado que a menudo los periodistas se ven obligados a ponerse en peligro para realizar su trabajo, al Sharif dice que los reporteros necesitan un régimen jurídico especial y una protección que vaya más allá de la que ya se les confiere como personas civiles de conformidad con los Convenios de Ginebra y sus Protocolos adicionales (véase recuadro). La PE C, fundada en 2004, también cree que un emblema especial para la prensa podría contribuir a reducir el número de muertes no intencionales de los periodistas durante los combates.

Sin embargo, el llamamiento por una nueva convención no es universal. De hecho, muchos grupos de apoyo a los medios de comunicación y organizaciones humanitarias sostienen que lo que se necesita es un mejor cumplimiento de las normas existentes y no más normas.

Para estos grupos, un régimen jurídico especial o una categoría de protección particular para los periodistas plantea tantos interrogantes como los que resolvería un nuevo tratado. Por ejemplo: ¿Por qué sólo los periodistas? Muchos profesionales, desde ingenieros hidráulicos y de saneamiento hasta médicos, realizan una labor esencial para salvar vidas durante los conflictos. ¿Necesitan ellos también una protección especial? Y, ¿cómo decidimos quién es un periodista, especialmente en una época en que cualquier ciudadano que tenga un teléfono móvil con cámara puede hacer el trabajo de facilitar información?

Los autores originales del Protocolo I se habían planteado muchos de estos interrogantes cuando acordaron que la creación de un régimen jurídico especial para los periodistas podría debilitar las protecciones fundamentales previstas para todos los civiles. “Si se aumenta el número de personas con un régimen jurídico especial, necesariamente se incrementará la cantidad de signos protectores, lo que tenderá a debilitar el valor protector de cada categoría protegida ya aceptada”, según un comentario del CICR sobre los debates que culminaron con la aprobación del Protocolo de 1977.

Para el CICR, que ha reconocido desde hace tiempo el papel fundamental que desempeñan los medios de comunicación al exponerse a la brutal realidad de la guerra, la protección de los periodistas es parte de su estrategia global para promover un mejor cumplimiento de las protecciones existentes para los civiles en virtud del DIH.

Uno de los objetivos principales del Plan de Acción cuatrienal del CICR para la aplicación del derecho internacional humanitario es alentar a los gobiernos para que tomen medidas concretas destinadas a proteger a los periodistas. Los esfuerzos sugeridos van desde mejorar la formación militar hasta fortalecer los recursos legales “para asegurar que... las violaciones no queden impunes”.

Dado que el enjuiciamiento por violaciones del derecho internacional humanitario a menudo ocurre ante los tribunales civiles o militares de los países que han firmado los Convenios de Ginebra, muchos juristas opinan que es fundamental fortalecer los sistemas jurídicos nacionales para poder poner fin a la impunidad de que gozan, en general, los responsables de la muerte de periodistas (véase Tribuna abierta, página 1).

Cuidarse la vida

Sin embargo, la verdadera dificultad es evitar, a toda costa, que los periodistas resulten muertos. Por esta razón, el CICR ofrece diversos servicios para los periodistas que trabajan en zonas donde hay peligro. Desde 1985, ha puesto a disposición una línea directa para los periodistas, las agencias de noticias y la familia de los periodistas que tienen problemas. El CICR también ha intercedido en favor de los periodistas que se encuentran detenidos, secuestrados o heridos. Recientemente, la Institución actuó como intermediario neutral entre las partes en conflicto para conseguir el retorno seguro de Romeo Langlois, periodista de la cadena de televisión France 24, que fue capturado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia a finales de abril.

Cuando los periodistas mueren durante los combates, los actores del Movimiento a menudo ayudan a recuperar y restituir sus restos mortales. Por ejemplo, el CICR y la Media Luna Roja Árabe Siria participaron en la repatriación de los cuerpos de la periodista estadounidense Mary Colvin y del fotógrafo francés Rémi Ochlik, ambos muertos durante el bombardeo de la ciudad siria de Homs, en febrero de 2012.

Además, todos los años el CICR y algunas Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, ofrecen varias sesiones de formación en derecho internacional humanitario para periodistas con el fin de que sepan cómo manejar situaciones concretas que ocurren durante un conflicto.

Este año, el CICR también tiene previsto poner en circulación una nueva herramienta de formación audiovisual que, junto con la capacitación del personal del CICR, está destinada a ayudar a los periodistas a describir mejor los sucesos que presencian, entender cuándo se está respetando o violando el derecho y aprender cómo los protege el derecho internacional humanitario.

“No se trata en absoluto de convertir a los periodistas en abogados”, precisa Dorothea Krimitsas, jefa adjunta del CICR de relaciones públicas, encargada de dirigir la línea directa para periodistas e impartirles formación en DI H. “La idea es ayudarlos a encontrar las referencias que necesitan y conocer las complejidades del derecho internacional humanitario. Esto también les permite entender cuándo no se aplica el derecho internacional humanitario y cuándo es necesario buscar la solución en otras ramas del derecho”.

La perspectiva humanitaria

Este tipo de formación puede influir muy positivamente en la forma en que se dan las noticias durante una guerra, dice Tania Mehanna, una veterana reportera que ha cubierto numerosos conflictos internacionales para la Corporación Libanesa de Radiodifusión. También ha organizado varios talleres del CICR sobre derecho internacional humanitario y periodismo.

En sus misiones durante las guerras en Afganistán, Irak y Líbano, por ejemplo, se enfrentó muchas veces con decisiones difíciles. Una de las preguntas que surgieron en cada uno de esos conflictos fue cómo se estaban utilizando ciertas armas, entre ellas las bombas en racimo y los agentes incendiarios como el napalm y el fósforo blanco.

“Cuando redactas un artículo puede ser muy útil proporcionar información sobre las armas prohibidas o sobre las que se pueden utilizar solamente bajo ciertas circunstancias”, asegura Mehanna.

“Hay que tener cuidado”, añade. “Uno tiene que estar bien seguro de que ciertas armas se han utilizado efectivamente porque todo lo que se diga se tomará muy en serio. Posteriormente, si se establecen tribunales o se hacen juicios internacionales, estos relatos pueden ser de gran ayuda durante la acción judicial”.

Para los periodistas de países como Somalia, este tipo de formación profesional es sumamente necesaria, afirma el periodista somalí Mohamed Ibrahim. “La mayoría de los periodistas aquí son jóvenes que ganan tan poco dinero que no pueden cubrir sus necesidades diarias”, dice. “Y tras dos décadas de guerra, no hay escuelas ni institutos de periodismo. Por lo tanto, la mayoría de los periodistas somalíes no saben cómo se relacionan el derecho internacional o las normas de los Convenios de Ginebra con la información sobre el conflicto”.

Elevar los niveles profesionales y éticos y promover la noción de que los periodistas son independientes y no toman partido en la política o el conflicto es otra manera de lograr que el periodismo sea una opción profesional segura en Somalia, precisa.

En lugares como Somalia, los periodistas a menudo informan, deliberadamente o no, sobre cuestiones relacionadas con el derecho internacional humanitario. Una mejor comprensión de los principios humanitarios y periodísticos, dice Ibrahim, no sólo podría ayudar a salvar la vida de los periodistas, sino también a publicar relatos sobre otras personas vulnerables afectadas por conflictos y desastres naturales.

“Durante la sequía, los periodistas somalíes llevaron a cabo una valiosa tarea”, dice Ibrahim. “Pero es imprescindible que adquieran más conocimientos para poder proporcionar información en situaciones humanitarias complicadas y peligrosas”.

 


El único sobreviviente de una matanza encuentra su casa en ruinas después de que el ejército bosnio arrebatara nuevamente el control de su pueblo a las fuerzas serbias en el otoño de 1995. Está de pie en lo que se cree que es una fosa común de sesenta y nueve personas, entre las que se cuentan sus familiares. Fotografía: ©Ron Haviv/VII

 


En 2011, periodistas entre los que figuraba Ron Haviv hallaron numerosos cadáveres en un hospital de Trípoli, donde aparentemente se habían producido ejecuciones. Fotografía: ©Ron Haviv/VII

Testigo de crímenes de guerra

Las imágenes de fotógrafos como Ron Haviv a menudo son un testimonio y una forma de expresar lo que otros no pueden decir. En Bosnia, Haviv acompañó a las fuerzas paramilitares serbias en 1992 y documentó la ejecución de los civiles bosnios, lo que más tarde se conocería como la “limpieza étnica”. Más recientemente, en la República Democrática del Congo, captó los intentos de las partes contendientes de desplazar a la población y controlar el acceso a los alimentos y medicamentos. En una entrevista reciente, Haviv habló sobre cómo puede ayudar el periodismo a exponer las violaciones del derecho humanitario.

Cuando es testigo de una atrocidad como una ejecución, ¿qué le pasa por la mente?
Lo primero que pienso es: ¿hay algo que pueda hacer para evitar que esto suceda? A menudo, bastó con estar presente en algún lugar para que cambiara la dinámica. Puesto que hay un testigo, hay un forastero. Pero todo es muy precario. Ya ocurrió delante de mí algunas veces y no pude detener el curso de lo que acontecía, tampoco se me permitió tomar fotos. Así que no había pruebas concretas. Por lo tanto, me prometí que si volvía a estar en la misma situación y no podía evitar que sucediera, tenía que arreglármelas de alguna forma para obtener alguna foto a modo de prueba. Por lo menos de este modo, las personas no mueren en vano.

¿Causaron algún efecto las fotografías de las ejecuciones?
Las fotografías fueron publicadas en varias revistas incluso antes de que se diera el primer disparo en Sarajevo y estaba muy seguro de que eran pruebas de lo que todos habían estado hablando. En un primer momento, las fotos no provocaron nada. Con el tiempo los bosnios las utilizaron para defender su causa y estimular así a la gente a que se enrolara entre sus filas, como una especie de propaganda. Finalmente, sirvieron en La Haya para formular acusaciones contra varias personas involucradas en crímenes de guerra en la ex Yugoslavia.

Durante una reciente misión que efectuó para cubrir la guerra en Libia, usted y otras personas tomaron fotos de un hospital de Trípoli, donde había indicios de que las personas habían sido atadas y ejecutadas.
Fueron los leales a Gadafi que cometieron las ejecuciones en contra de los rebeldes. Pero al mismo tiempo, era muy evidente que los rebeldes estaban ejecutando también a los leales a Gadafi . Frente a estas escenas, era sumamente importante, en primer lugar, que esas imágenes se dieran a conocer y, segundo, que otras organizaciones supieran adónde acudir para iniciar sus propias investigaciones. Para que se produzca la reconciliación, la gente necesita entender lo que ha ocurrido durante el período de transición.

 

Para más ejemplos de cómo informan los periodistas sobre el derecho internacional humanitario véase www.redcross.int.

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