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Siempre me ha impresionado la capacidad de resistencia y de adaptación que tienen las personas a los vaivenes de la vida y a la falta absoluta de comodidad. En Grozny, cuando la población se reunía en los puntos de distribución, en su mayoría mujeres y niños, nadie salía perjudicado ni nadie trataba de colarse. Reinaban el respeto y la solidaridad en el sufrimiento. En esos puntos de distribución, lo único que proporcionábamos era agua, pero el agua iba a cambiar la vida de esas personas, a pesar de que regresarían a unas casas en ruinas, los brazos cargados con cubos, tratando de no derramar ni una sola gota.
Chantal Lebrat
, ex delegada del CICR. Su dibujo se titula “Distribución de agua en Grozny”.

 

La humanidad permanece

“Hay un solo principio básico y es el de humanidad, la idea de que todos somos iguales por esa humanidad compartida”.

Esto es lo que escribió Fiona Terry, analista humanitaria y autora, en un artículo reciente de la Revista Internacional de la Cruz Roja. Luego vienen, según añadió, la independencia, la neutralidad y la imparcialidad que son posturas que se deben adoptar en las operaciones humanitarias a fin de observar el principio de humanidad.

En el Movimiento, la gente ha venido reflexionando sobre los Principios Fundamentales como parte de un debate interno preparatorio de las reuniones estatutarias de noviembre de 2013, así como de la Conferencia Internacional de la Cruz Roja de 2015.

Para ayudar a impulsar el debate, Cruz Roja Media Luna Roja pidió a los lectores que compartieran sus vivencias y pensamientos acerca de este “principio básico”, mientras que una nueva página de Facebook del Movimiento dedicada a los Principios Fundamentales también ha motivado algunas reflexiones interesantes. En un sitio interno del CICR, Share your memories, creado como parte de la celebración de los 150 años de acción humanitaria, se han publicado también algunas historias interesantes, así como expresiones artísticas y fotografías. A continuación figuran algunas, reproducidas con el debido permiso.

El abecé de la humanidad

La ducha de la cárcel hacía tiempo que no tenía una gota de agua y servía de sala de clases. Los quince detenidos sentados en el suelo, con la vista fija en otro preso que escribía con tiza unas letras grandes en la pared, repetían después de él: A, B, C…

Nos presentamos: “Somos delegados del CICR y estamos visitando la cárcel. Vamos a volver para conversar personalmente con aquellos que lo deseen”. El que sostenía la tiza traducía espontáneamente al kirundi. Captamos algunas palabras conocidas: Ginebra, Heny Dunant, Solferino. La traducción había sido generosa. En otro momento de la jornada volví a ver a ese misterioso profesor y le pregunté dónde había aprendido lo que sabía sobre el CICR. “Hace años que estoy preso, y estoy condenado a muerte, pero por el momento las ejecuciones están suspendidas. Sé perfectamente que no saldré vivo de aquí. Comprendí que lo que quedará de mí después de que me muera es lo que habré transmitido a los demás. No tengo grandes estudios pero sé leer y escribir. Antes de morir, quiero alfabetizar a todas las personas que pueda. Es lo que dejaré”.

Seis meses después, no es el pelotón de ejecución que se lo llevó, sino la tuberculosis, el asesino más temible de la cárcel. Como delegado del CICR y más tarde como formador, he pensado muchas veces en él con un infinito reconocimiento por esta lección fundamental sobre el nexo entre nuestra vida y la que sigue. Hay que intentar aprovechar cada oportunidad de hacer algo por otro ser humano. El Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja nos brinda la oportunidad de hacer mucho por los demás y dar un sentido a nuestra vida.

André Picot, miembro del personal del CICR, África, 1991
Esta historia fue publicada en el sitio web interno del CICR Share your memories, dedicado a los 150 años de acción humanitaria.

 

Un pionero humanitario de África del Norte

“Envíen a un sacerdote a mi campamento. No le faltará nada. Les prometo que se le honrará y se le respetará. Rezará todos los días con los prisioneros; se reunirá con ellos y mantendrá correspondencia con sus familiares. Hará que reciban dinero, ropa, libros... Una única condición: desde su llegada aquí, deberá hacer la promesa solemne e inquebrantable de no hacer alusión alguna en sus cartas a la ubicación de mis campamentos ni a nuestros movimientos tácticos.”

Este extracto de una carta escrita por el emir Abdelkader en 1845 muestra por qué este luchador por la independencia de Argelia también es considerado un pionero de las leyes y usos humanitarios. La carta, escrita al obispo de Argel, es tan solo uno de los ejemplos. Muchos años antes de que se pusiera por escrito el derecho internacional humanitario, Abdelkader había redactado una ley relativa a los prisioneros de guerra, según la cual estos debían ser tratados con humanidad, fuera cual fuera su religión o nacionalidad.

“En el siglo XIX, dos hombres, el emir Abdelkader y Henry Dunant, compartían el mismo ideal humanitario : a los soldados que ya no pudieran luchar porque estaban heridos o porque habían sido hechos prisioneros había que perdonarles la vida, atenderlos y protegerlos sin discriminación”, dice Bruce Biber, que dirige la delegación del CICR en Argel.

En un coloquio internacional, celebrado en mayo de 2013, se expuso la contribución del emir al pensamiento y el derecho humanitarios. Este evento, organizado por la Fundación Emir Abdelkader, en colaboración con el Ministerio de Justicia de Argelia, el CICR y la Media Luna Roja Argelina, formó parte de los actos conmemorativos del 130º aniversario de su fallecimiento y del 150º aniversario de la fundación del CICR.


Me siguen adonde vaya…

Los Principios Fundamentales representan para mí una guía que va más allá del trabajo profesional... Me siguen adonde vaya, incluso dentro de mi propia familia. Nunca doy privilegios a mis hijos en detrimento de otros niños que vivan conmigo.

El respeto de los principios también me da más fuerza para representar a la institución en la región donde nací, donde las presiones sociales son a menudo muy fuertes. Sobre todo utilizo los principios de neutralidad e imparcialidad. Recuerdo que en 2012 algunas personas conocidas de mi ciudad natal enviaron una delegación a Gao para solicitar al CICR apoyo para su centro de salud local. Basándome en el principio de imparcialidad, tuve que decir que no; debo apoyar el hospital de Gao y entendieron perfectamente el mensaje.
Attahar Maïga, jefe de la subdelegación del CICR en Gao (Malí) Para leer toda la entrevista: www.redcross.int

 

La Cruz Roja “cambió mi modo de ver”

“Al crecer en la República de Corea, país devastado por la guerra, me beneficié de la ayuda internacional traída al país por los que llevaban el símbolo azul de Naciones Unidas y por los hombres y mujeres que llevaban el símbolo rojo del Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Mi primer viaje al extranjero, como estudiante de secundaria, fue patrocinado por la Cruz Roja y cambió mi modo de ver el mundo y el lugar que ocupo en él. Estaba tan emocionado por esta expresión de solidaridad mundial que finalmente decidí seguir mi carrera en el servicio público internacional”.

Ban Ki-Moon, secretario general de las Naciones Unidas, escribió las siguientes palabras en una edición especial de la Revista Internacional de la Cruz Roja dedicada a los 150 años de acción humanitaria. En el artículo, el dirigente hace una reflexión sobre diversos temas como la relación del Movimiento con las Naciones Unidas, el papel de las fuerzas de mantenimiento de la paz y los problemas que causa la utilización de la ayuda humanitaria con fines políticos.

“Si bien las misiones de mantenimiento de la paz destinadas a proteger a los civiles, contribuyen, sin duda alguna, de forma notoria a mejorar la seguridad y reducir el número de víctimas -escribe- es legítima la preocupación de los actores humanitarios tradicionales de que sus propios acceso y seguridad puedan resultar menoscabados si los beligerantes o parte de la población los asocian con los objetivos políticos de esas misiones”.

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